Polvos de Estrella

Sus vidas corrieron en paralelo porque habían nacido de la misma estrella; hijos del mismo resplandor del Cosmos, solo usaron los medios humanos para llegar a un último rincón sin explorar.
Uno engendró al otro por pura estrategia. Era la mejor manera de prolongarse en la Tierra, más allá de la esperanza de vida de una generación (humana).
Así, aquel nació primero y, pacientemente, esperó su momento de madurez para engendrar al otro.
Cada gesto mutuo fue pretendido. Buscado y conseguido con descaro e inoportunidad, se diría que con desprecio hacia la condición (humana) del otro. O, al menos, así lo apreciaban quienes tuvieron el coraje de mantener la cordura frente a ellos.
Parecían a veces alejarse. Casi entregarse maltrato -polvo de estrellas encarnado, cumpliendo funciones, ignotas, para cada partícula de su ser-. Ensayando dureza y ternura como puro juego de aprendizaje. Como experiencia curiosa, imposible -y necesaria- sin esta encarnadura.
Nada quedó escrito de sus vidas. Sí los rostros, en cierto modo inefables, por esquinas de ciudades que no los comprendieron; de bosques que admitieron su presencia; de trozos de olas que les regalaron espuma.
En ciertos corazones dibujaron caricias, como en cuevas primitivas plasmaron otros emoción por la belleza. A quienes esperaron fidelidad les entregaron lealtad; al exigírseles respeto, devolvieron pasión por lo admirable.

Así fue.

Planeta Tierra, algunos años después, junio 2007

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En mitad del otoño

 

032

Me siento desechado
por el desagüe que sume
las turbias ilusiones;
por la cuneta que arrastra
el agua que no bebo.
Como el aire post mortem
en el pecho del difunto,
o el último trago de vino
que no llegó a la sangre.

He donado a la ciencia
todas las emociones,
incluida la tristeza
que encubren las palabras.
Todo es vuestro, ¡oh jaurías
en despachos oficiales!
También este suspiro
que nadie me recoge,
-que apenas me conmueve-.

Se aproxima la hora
de lavar los pinceles
y que valoren otros
si la obra está acabada.
Me acepto responsable
del trazo, del boceto…
El resto, fue la vida,
quien manejó mi mano.

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Como debe ser

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Ya sabéis que noviembre es el mes en que la “Puerta permanece abierta”.
Acaba de volar de mi patio un Mirlo. Son cómicos adorables, y músicos exquisitos, que vienen a comer los restos del pienso que siempre dejo, como “Parada y Fonda”, a los gatos del barrio.

Al verlo elevarse en su negrura, en esta hora final de luz de día, lo enlazaba con la “Puerta de noviembre” y recordaba intensamente a ese -adorado, cada día más- tío carnal, único en mi caso -corta familia-, que ofició de demiurgo en todas mis experiencias de pubertad.
El primer cigarrillo, el primer “Cuba libre”. Las primeras trasnochadas, el primer amanecer. El primer contacto carnal -claro, cómo no-, después de las primeras advertencias: “No me falles, sobrino”.
Todo recuerdo de iniciación está ligado a él; “todo lo que un hombre debe saber para ejercer de hombre”, me llegó de él. Conocer el vino, evitar las pendencias, abrazar a un amigo, besar a una mujer.

Fue, el hermano pequeño de mi madre, ese familiar que te quiere, no estando expresamente obligado, sabiendo verte sin extrema exigencia ni tiernos miramientos.
Quizá me observó demasiado “educado”, demasiado protegido -demasiado ingenuo, demasiado expuesto- y puso los medios para evitarlo. Compensó tanta misa de domingo con muchas madrugadas de sábado para que el ángel y el demonio tuviesen las mismas oportunidades, como debe ser.

Tal que todos los amados de los dioses, murió joven.

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Tristitia post coitum

029

Hay días que no sé con qué vestirme.
Entonces me quedo tan desnudo como un recién nacido o como deberíamos ir todos al encuentro con el Padre.
Es verdad. Hay días que no tengo qué ponerme, ni jabón para lavarme. Ni pan que besen mis labios, ni vino que tape una pena.
Hay días que los surtidores no me sirven gasolina, me cierran la puerta los bares y las librerías, las místicas librerías, bajan la persiana cuando se acerca esta sombra ágrafa.
Días tan oscuros que el banco no quiere mi dinero.
Son días en los que el sol no me ilumina, la luna no quiere verme ni se enciende los luceros para mí.
Hay días, no son tantos pero, “hay días”, que el perro no mueve el rabo, la puerta desconfía de mi llave y la cama, solo me admite, si me vuelvo ovillo ante sus pies.

Después, las horas pasan y amanecen otros.

Pero aquellos, que no fueron míos, se van perdiendo para siempre.

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Propiedad escriturada

030

Con un poco de empeño -no es tanto el esfuerzo- conseguimos agostar lo extraordinario…

Y, siguiendo con lo poco, con un poco de suerte, no sabremos nunca por qué nos tocó conformarnos con lo mediocre, teniendo la opción de lo único… (o puede que lo único solo fuera emocionante)

Las opiniones rancias, de cualquier espectro ideológico, suficientemente desbastadas para evitar las aristas que generan verdadero pensamiento, nos tranquilizan: ¡Son tan apacibles las capitales de Europa…!

El confort diario -la seguridad del hogar, la resolución de lo cotidiano- fijan nuestra atención sin que nos perturben los destellos de la cola del cometa… esos cuerpos celestes que suelen anunciar cataclismos.

Y mientras una mano nos engaña con su aparente solvencia, la otra nos mantiene sujeta la soga al cuello, con destreza suficiente para que no asfixie más de lo imperceptible; con la madura sabiduría de quien conoce que no está menos cautivo el ejemplar al que se permite de vez en cuando un relincho. “No es importante salir de la cuadra. Lo importante es conocer el camino de vuelta”.

Cuando esta astucia, que sirve al imperio vulgar de lo gris oscuro, absorbe nuestra luz y adormece las ansias, nos entregamos al ejercicio de lo posible, castrados para amar con consecuencias. Acariciamos y besamos con sincero tacto, pero evitando que su impulso nervioso altere nuestro proyecto de individuos eficaces.

… Bellos aun, pero agotables -alegres de tristeza; moderadamente arrepentidos del atrevimiento- volvemos al establo seguro con cama de heno; al conocido perfil condescendiente; al leve reproche que nunca arriesga la propiedad escriturada.

Decoramos el pesebre con visitas de individuos memorables; lucimos adorables arneses en convenientes actos sociales que garantizan la paz en el cortijo; observamos, incisivos, las oportunidades desperdiciadas por otros que “sobrevaloran su zona de confort”… Entretanto, saciadas temporalmente las ansias que no estamos dispuestos a negociar, citamos lejos a nuestra propia vida… en un puerto remoto de nombre impronunciable.

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Lo exquisito, escaso

026

Esto es un mero ejercicio de composición estética;
no poética. La poesía es otra cosa.

Títulos que se reparten alegres
como a Grandes de España.
Auto títulos; nombramientos sumarios.
“Poetas venid. Poetas, trovad”.
Qué vulgar mascarada.
Se otorgan y buscan blasones sectarios.

Un pedo es un pedo. Lo exquisito, escaso.
Alegre es el ocio si vuela la pluma.
El verso no es ocio. Es… sufrimiento raso.

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Solo cabe adaptarse

024

Hoy el reloj bloquea a los trenes cuando marchan a todo velocidad -y los mantiene estáticos- suspendidos a cinco micras de los raíles(*), con las chispas eléctricas encendidas, paralizadas en el aire y los pasajeros congelados en su gesto, mientras el Relojero Mayor con bigote consulta preciso el que siempre lleva en su bolsillo, retrasando una hora las manecillas de aquel que gobierna el Reino desde la torre de Palacio.
Luego, da la orden de que todo vuelva a la normalidad para que las chispas de los trenes se pierdan en lo oscuro y los amantes perfeccionen el beso que se detuvo en el balcón de los labios.
Tras eso, mientras la vida sigue, las tres serán las dos.

(*)¡Ah! ¡Las leyes físicas!¡Las leyes físicas! No permiten que nos toquemos sino que la energía de nuestros átomos repelan la íntima proximidad de otros cuerpos hasta causar la sensación ficticia del tacto. No hay caricia, hay repulsión.
Ni siquiera cuando mordemos a dentelladas las calaveras que muestran su parte más amable detrás de la boca suculenta se produce contacto sino chisporroteo de fuerzas atómicas que se rechazan: Yo soy Yo, Tú eres Tú.
Este es el Universo. Solo cabe adaptarse.

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